El pasado lunes día 6 de agosto se cumplieron 75 años del asesinato del Presidente del FC Barcelona, Josep Suñol i Garriga. Esta es la historia de los hechos en un país que ciertas ideas y nacionalidades eran perseguidas hasta la muerte.
En la tarde del 6 de agosto de 1.936, un vehículo marca Ford con matrícula militar ARM-2939 y banderín catalán –presumiblemente de la Generalitat de Catalunya- tomaba la carretera de Madrid a A Corunya. En su interior viajaban el Josep Suñol, Pere Ventura i Virgili, periodista del “Diari La Rambla, propiedad del primero, un Teniente del Ejército Republicano y un chófer. En el kilómetro 52, en plena Sierra de Guadarrama, una vez atravesada la línea imaginaria que separaba Republicanos de Franquistas –una línea tan fluctuante que el dia anterior se encontraba en un lugar más alejado- fueron detenidos por un comando rebelde, justo delante de la nombrada “Casilla de la Muerte”. Al parecer y pensando que eran soldados y amigos, Suñol y sus acompañantes los saludaron con proclamas republicanas.

No sabemos qué hacía Suñol en aquella carretera cerca del frente de la batalla. Hacía muy pocos días que había salido hacia Valencia y posteriormente se dirigió a Madrid en una misión supuestamente encomendada por el Presidente del Parlament de Catalunya, Joan Casanovas, para mantener conversaciones con los líderes de la República. Pero Guadarrama no era Madrid. Hay quien sostiene que cayó en una trampa preparada por el chófer, que los habría traicionado. También es verosímil que, empujados -él y Virgili- por su vocación y profesión periodística, quisieran ver el frente de primera mano y hablar con los combatientes republicanos, para describirlo después.
Fuera como fuera, Suñol, Virgili y el teniente republicano fueron fusilados y enterrados en una fosa común. Todo ello sucedía alrededor de las 6 de la tarde de aquel infausto 6 de agosto de 1.936. El mito dice que Suñol antes de morir, gritó “Visca la República y Visca Catalunya lliure!”. De hecho parece ser que sus asesinos no eran conscientes de la magnitud del personaje. Fusilaron a unos republicanos, dos de ellos catalanes. Fue posteriormente cuando supieron quienes eran realmente. Y aún, durante algún tiempo, de manera confusa.